Jesús Recortado de la Imagen
Más identidad, menos método
moderno, interesante y atractivo. Pero el énfasis postmoderno de los emergentes también los coloca en una posición precaria. Cuando la frescura desaparece, es posible que se sientan aún más desmoralizados que antes, perdidos y solos, sin un objetivo central. El tradicionalista tiene la Biblia y la Cruz , en las que “encuentra un refugio en tiempos difíciles”. El pragmático tiene el concepto de mercadeo para ayudarle a navegar en aguas turbias cuando está “perdido en el mar”. El emergente no tiene tales ideas que le dé coherencia, dejándolo sin un lugar de refugio o una “estrella que le guíe”. La postmodernidad, por su naturaleza, no da una verdad objetiva suficiente como para formar o mantener un movimiento. Le deja demasiado a la persona. La Gran Tradición siempre será un puerto seguro al que los emergentes agotados puedan volver. Además, cuando los misioneros comienzan con un deseo de ser culturalmente relevantes, están en peligro de convertirse en esclavos de la cultura (sincretismo). Cuando la gente contextualiza la Biblia a una cultura sin la sabiduría transmitida a lo largo de los siglos, la cultura tiende a abrumar a la teología de ellos. Las iglesias deben desarrollar raíces profundas de identidad que provean los recursos necesarios para conectarse con la cultura sin ser sincretistas . Las buenas estrategias para la misión siempre empiezan con la Gran Tradición y luego contextualizan hacia fuera. Belcher dice: “Es como si las iglesias emergentes quisieran el fruto pero no las raíces de donde vinieron. Así, en su intento de ser culturalmente relevantes (lo cual lo hacen muy bien), sus tradiciones no son lo suficientemente fuertes, me temo, para resistir ser absorbidos por la cultura que los rodea. Simplemente no hay suficiente profundidad en las disciplinas y prácticas adoptadas”. 142
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