Jesús Recortado de la Imagen

Raíces Sagradas: Sin nostalgia ni antagonistas

Armas para la batalla Afortunadamente, Dios no ha dejado a su pueblo indefenso ante el mundo, la carne y el diablo. Él ha provisto de armas para esta guerra (2 Cor. 10:4). La Palabra de Dios proporciona la verdad, el consuelo, la sabiduría, la instrucción y el aliento (2 Tim. 3:15-17; Heb. 5:14; St. 1:22-25; Rom. 15:4). Hay toda una armadura para ayudar a los creyentes a combatir la confusión, la distracción, las mentiras, las tentaciones, las dudas y las acusaciones (Ef. 6:10-18). El Espíritu Santo consuela y guía a los creyentes que pelean la buena batalla juntos, provee pastores dotados para proteger y movilizar el ejército, y lleva a las personas a “tener sumo gozo” cuando se encuentran en diversas pruebas (1 Tim. 1:18; Ef. 4:11-13; St. 1:2; Rom. 5:1-5). No puede haber alegría en medio del dolor, porque Dios puede soberanamente redimir cada prueba, convirtiéndola en una victoria contra el reino del enemigo. Lo que el diablo destina para mal, Dios puede cambiarlo para bien (Gn. 50:20; Heb. 12:3-15). Mientras que el diablo desea que el cristiano se entregue al desánimo, la vergüenza o la culpa, Dios desea que el cristiano contraataque para “volver a estar en el juego”. La victoria de Jesús sobre el diablo paga por el pecado, para que los cristianos no tengan que entretenerse en las persistentes acusaciones del enemigo. El bautismo es un arma para la batalla, pues nos recuerda que debemos ser fieles al Cristo victorioso y su Reino, a pesar de cuán derrotados nos sintamos (Hch. 26:17-18; Mc. 16:15-16; Rom. 6:3-23). Cuando Lutero estaba siendo atacado, a menudo exclamaba: “¡Estoy bautizado!”

Estas armas proporcionan valor ante las circunstancias difíciles, perdón a pesar del fracaso y un deseo de ganar cuando todo parece

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